Archivo de septiembre, 2010

sep 23 2010

Canales de búsqueda de trabajo


Otro artículo publicado en un monográfico de Educaweb, que os adjunto.

Este artículo pretende ser un brevísimo manual, muy práctico, para emprender la difícil tarea de buscar empleo.

Consejos iniciales

Antes de adentrarnos en posibles canales de búsqueda de trabajo, de abordarlos y difundir nuestra candidatura, hay que tener muy presentes algunas consideraciones previas. Cada una de estas recomendaciones puede explicarse y detallarse mucho más, pero este artículo ha de ser breve, así que invitamos al lector a profundizar más en ellas (preguntando al autor o buscando otros artículos en Internet), para estar bien preparados:

- Objetivos claros. No podemos salir al mercado laboral sin un objetivo profesional concreto: una función, puesto o cargo deseado, aunque sea de forma aproximada. El mercado es muy amplio y hemos de discriminar bien lo que queremos. Hay que ‘tirar con bala’ y no ‘disparar una perdigonada’.

Esto es muy importante por un doble motivo: no perder tiempo en cosas que no nos interesan realmente (o para las que no estamos preparados) y ser percibidos por el mercado como candidatos con ideas claras (eso de ‘apuntarse a lo que sea’ da imagen de poca seriedad o de desesperación, devaluando mucho nuestra imagen ante los empleadores). Hay que pensar bien qué queremos, saber comunicarlo adecuadamente, antes de ponerse a buscarlo.

- Saber que invertiremos mucho tiempo y sudor: aceptarlo con tranquilidad. La búsqueda de trabajo debe ser considerada un proyecto personal, un trabajo en sí mismo. Buscar empleo resulta una labor muy intensiva y exigente: es un proceso con muchas ineficiencias (el mercado laboral las tiene), hay que estar mentalizado y no desesperarse. Es como sembrar: la tierra sigue marrón mucho tiempo hasta que nacen los primeros brotes verdes y no hay que ponerse nervioso.

- Planificar bien para ahorrar tiempo y esfuerzos. En este proyecto personal, hay que seguir una metodología ordenada (por ejemplo, ir anotando cada contacto que se haga en un cronograma o una hoja Excel), planificar unas etapas y establecer un calendario con objetivos definidos (contactar con tal o cual canal, con tales o cuales empresas, con esta o aquella persona, etc.). No se deben quemar cartuchos inútilmente y hay que establecer pautas de actuación razonables y eficaces, dando mucho seguimiento a cada tema.

- Crear herramientas de comunicación muy cuidadas. El CV, la carta de presentación o de agradecimiento, la planificación de las entrevistas, la preparación de respuestas coherentes a preguntas incómodas, deben ser cuidadosamente estructuradas.
Tras estos consejos iniciales, podemos pasar a describir los principales canales de búsqueda de empleo.

Canales de búsqueda de empleo

Para ello, habrá que distinguir entre mercado visible (ofertas explícitas de empleo que salen a la luz) y mercado oculto (ofertas no anunciadas). Aproximadamente un 40 % de ofertas son visibles y nada menos que un 60 % están ocultas. Un buen profesional buscará tanto en un mercado como en otro.
En los canales reseñados, se cita entre paréntesis el porcentaje aproximado de jóvenes profesionales que suelen obtener trabajo por una u otra vía (diversas fuentes).

Canales de mercado visible:

- Bolsas de trabajo (centros educativos, 7%, Servicios Públicos de Empleo, 4%, bolsas online, 4%).

- Anuncios de prensa en Internet (7%).

- Webs corporativas de empresas (20%).

- Intermediarios de mercado: consultorías de selección que anuncien sus búsquedas (incluidas en anteriores porcentajes).

Todos ellos consumen relativamente poco tiempo (se envía el CV rápidamente por medios telemáticos).

- Oposiciones a organismos públicos (% no disponible).

Canales de mercado oculto:

- Networking, red de contactos. Averiguar dónde están los puestos de trabajo del mercado oculto, por medio de familiares, amigos o conocidos (48%).

No se trata de ‘pedir trabajo’ a nuestros contactos (eso violenta a la gente: los familiares, amigos y conocidos ya nos dirán si tienen alguna vacante disponible, sin necesidad de ser forzados a ello) sino buscar en ellos ‘información y consejo’: a quién dirigirse, dónde pueden crearse oportunidades de empleo, qué sectores o empresas demandan candidatos, etc. Esto da mucho trabajo pero ofrece muchas oportunidades no evidentes y con mucha menos competencia: estadísticamente, 30 – 40 contactos de nuestro entorno pueden llegar a producir 2 – 3 ofertas reales.

- Cazatalentos o head hunters, que buscan candidatos que encajen en ofertas que no aparecen públicamente (5%).

- Otros: creando una empresa, haciendo prácticas previas en una compañía, etc. (5%).

Como se aprecia, los canales de búsqueda son variados y heterogéneos: por ello, la estrategia de prospección debe ser, como se ha dicho, muy bien planificada.

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sep 07 2010

Formación continua para profesores

Publicado por en General,Revista eLearning


Desde Educaweb me han pedido colaboración para un monográfico sobre educación continua. Este es el post que he remitido y que podéis también ver aqui

FORMACIÓN CONTINUA PARA PROFESORES

Antes de recomendar a los docentes en qué deben formarse / reciclarse para ser profesores eficientes, respetados por sus alumnos (lo que conlleva una creciente dificultad) y mantenerse en forma, conviene repasar un poco el concepto de formación continua y su nacimiento.

La formación continua: ¿por qué?

Es destacable comprobar cómo en todas las épocas, hasta el s. XIX inclusive, se consideraba radicalmente separada la etapa de la vida en que una persona debía estudiar y formarse (infancia, adolescencia y primera juventud), de aquella en que era ya un profesional que ejercía su oficio, no precisando de más educación (segunda juventud, edad adulta y vejez). Entre ambos períodos no había ningún solapamiento: uno era un alumno o un aprendiz y, después, era un profesional. Ver a un estudiante de treinta años, por ejemplo, hubiese resultado tan insólito como ver a un trabajador (considerado como tal) de diez o quince.

Esto resultaba bastante lógico por cuanto el ritmo de avance de los conocimientos y las técnicas era lento y no exigía seguir formándose a lo largo de una carrera. Por ejemplo y para una ciencia compleja como la medicina, cuando un joven ya se había educado como médico, podía ejercer la profesión todo el resto de su vida sabiendo que, en su vejez, el estado del arte sería muy parecido al que existía cuando terminó sus estudios superiores.

Con la llegada de la Revolución Industrial esto empieza a alterarse drásticamente. El ritmo evolutivo de la técnica y la tecnología se acelera notablemente, la productividad crece exponencialmente y ello arrastra tras de si una espiral de vertiginosos cambios en otras muchas disciplinas. El entorno de cualquier trabajador se hace mucho más complejo, cada vez más especializado, y los continuos descubrimientos, inventos y avances en varios campos provocan que un profesional está cada vez más impelido a reciclarse periódicamente para no ver caducar sus conocimientos, a compaginar su actividad laboral con un cierto estudio de las nuevas tendencias.

Al principio de esta nueva era, muy pocos adultos serán conscientes de que deben trabajar y volver a formarse, aunque sea un poquito y muy de vez en cuando, para no perder eficacia. Pero, mediado ya el s. XX, la actualización continua en la propia profesión va adquiriendo mayor importancia, pues los cambios se suceden con creciente velocidad, llegando a hacer obsoletos conocimientos que, muy poco tiempo atrás, parecían verdades absolutas.

Esta circunstancia empieza a ser detectada primero, por algunos profesionales liberales (ingenieros, abogados, médicos, arquitectos) y, después, por el conjunto de individuos y empresas.
Empiezan a aparecer lo que se da en llamar programas de reciclaje, programas de actualización, programas de educación continua, masters, cursos de perfeccionamiento, etc., segmentados por especialidades y con un enfoque reglado que intenta ser muy práctico.

En la década de los 70 ya se habla frecuentemente de la formación permanente como una necesidad que, a la larga, todos deberemos cubrir, y se empiezan a valorar muy positivamente a los profesionales inquietos por afilar la sierra.

En la década de los 80 y 90 sigue acelerándose el ritmo de cambio y se vive un período de fuerte crecimiento económico (con una crisis importante en 1993). El entorno laboral se va haciendo más complejo, interdependiente y fluctuante. A los profesionales se les exige cada vez más productividad pero, a la vez, se necesita que estén al día en los últimos avances.

Así que el llamado lifelong learning no es nada nuevo: existe desde hace años.

Formación continua para la docencia: ¿para qué?

¿Es todo esto aplicable al mundo de la docencia, al de los profesores? Por supuesto y sin ninguna duda. No sólo es aplicable, resulta imprescindible que los maestros se reciclen para no perder la estela de sus propios alumnos que, cada vez más, están muy al día en cuanto a trabajo colaborativo y tecnología se refiere.

Hoy en día, cualquier estudiante puede poner en aprietos a un profesor con sólo consultar Google, con sólo echar un vistazo a un buen blog, con sólo acceder a la Wikipedia o a Youtube… La llamada Web 2.0 ha revolucionado muy profundamente el mundo de la enseñanza y eso está ahí, queramos verlo o no. Nuestros alumnos ya lo saben y lo usan.

En el proceso de eLearning, por ejemplo, los estudiantes pueden registrar y archivar informáticamente su trabajo y sus reflexiones. Estas quedan documentadas digitalmente (en imágenes y/o sonido y/o texto), almacenadas en la plataforma virtual de común acceso y toda la clase puede consultarlas, a la vez que graba las propias.

Entonces, el alumno pasa a ser una especie de profesor de otros alumnos (todos ven las aportaciones de todos). Incluso, a veces, los discípulos pueden ser maestros de sus propios maestros. Todo se desdibuja y se iguala. Esto supone otra ventaja pues se aprovecha, del mejor modo posible, el talento individual de cada miembro en beneficio de la comunidad. Una vez más, el talento al poder.

Esta misma forma de enriquecimiento global a base de aportaciones individuales, es otra enorme ventaja de la Web 2.0. Imagine el lector que hubiese podido aprender del número uno de su clase en Matemáticas (y no sólo del maestro). ¿No le hubiera gustado compartir sus reflexiones y ratos de estudio con el mejor alumno de su universidad, ese que tenía los esquemas más perfectos y resolvía los problemas tan o más rápido que el propio catedrático? ¿Qué tal saber qué pensaba, por ejemplo, el más brillante compañero del Master?

¿Somos verdaderamente conscientes de la grandísima pérdida de conocimiento y tiempo que supone tener compañeros de clase que no pueden comunicar sus ideas y que están todo el tiempo tomando apuntes, en silencio? ¿Nos hemos parado a pensar lo que implica escuchar a un solo profesor, cuando toda la clase puede aportar y co-educar? ¿Nos percatamos de lo mucho que aprendemos (= descubrimos y nos sorprendemos) cuando oímos argumentar a otros discípulos que parten de la misma información de base que nosotros?

Los alumnos sí lo saben y exigen, cada vez más, que el profesor sea más un moderador, un facilitador, que un catedrático a la antigua usanza.

Ruego al lector que recuerde alguna ocasión en que, estando seguro de una idea, ha asistido a una argumentación inteligente de una tesis totalmente contraria. Todos hemos vivido esta experiencia, alguna vez. ¿No arrojaba una luz diferente a la cuestión? ¿No le ilustró y le permitió, al menos, volver a reflexionar? De alguna forma, ¿no le hizo más prudente o más humilde? ¿No le hizo descubrir algo, del problema, del contertulio que lo comentaba o incluso de sí mismo?

¿Para qué deben formarse los profesores actuales? Para no quedar obsoletos frente a sus alumnos. Siento decirlo así de claro pero es la verdad.

Formación continua para profesores: ¿en qué?

Si los alumnos piden más diálogo, más criterios y menos reglas firmes, si quieren más apertura y colaboración, y menos dogmas, los profesores deben reciclarse y formarse continuamente en las nuevas herramientas tecnológicas que permiten todo eso, y que podríamos agrupar bajo estas temáticas:

- eLearning o docencia virtual.
- Web 2.0 y trabajo colaborativo.
- Gestión del conocimiento.
- Redes sociales.
- Nuevos soportes: iPad, eBook, etc.
- Genéricamente, uso eficaz para la docencia de Internet y las Nuevas Tecnologías.

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