Oct 30 2008
En época de desolación, no hacer mudanza
Enseñanzas de un gran hombre para situaciones como la actual.
‘En época de desolación, no hacer mudanza’. Eso recomendó San Ignacio de Loyola, de nacimiento Íñigo Oñaz de Loyola: mi santo patrón y una de las personalidades históricas que más admiro.
Es una cita muy conocida y perfectamente aplicable a estos tiempos: yo la oigo decir mucho últimamente. Quizá por eso mismo, convenga detenerse en ella y contextualizarla, para recoger adecuadamente su valiosa esencia.
¿Quién fue su autor y por qué dijo esto?
San Ignacio (Azpeitia, 1491 - Roma, 1556) no tuvo una vida fácil ni regalada. Antes de convertirse en sacerdote fue soldado y, defendiendo el Castillo de Pamplona en 1521, una bala de cañón le hirió en las dos piernas, rompiéndole una de ellas. En el período de recuperación, los huesos se le soldaron mal y tuvieron que volver a operarle, soportando unos dolores espantosos (ya puede el lector imaginar cómo sería una operación de aquella época).
Luego estuvo viajando mucho por distintas ciudades: Barcelona, Manresa, Roma, Jerusalén y Salamanca, no siendo siempre bien recibida la enseñanza de sus Ejercicios Espirituales (incluso estuvo encarcelado algunos días).
Posteriormente, ya en el período prefundacional de la Compañía de Jesús, estudió en París durante 7 años, viajó a Flandes e Inglaterra para conseguir dinero para su obra y después visitó Venecia y Roma.
San Ignacio creó la Compañía de Jesús y hoy en día (se sea cristiano, budista, musulmán o hebreo) hay que reconocer su extraordinaria influencia en el mundo moderno: los jesuitas son la mayor orden religiosa masculina de la Iglesia Católica, con 19.000 miembros. En 69 países, han fundado 207 universidades, 472 escuelas secundarias, 165 escuelas de primaria y 78 escuelas profesionales o técnicas, contando con un total de casi 2,5 millones de alumnos. Una gran vida y una gran obra.
¿Por qué diría esa célebre frase una persona tan acostumbrada a las mudanzas? Ya hemos visto que Ignacio no tuvo un perfil contemplativo ni tranquilo: fue un verdadero hombre de acción, un emprendedor nato, un gran líder del s. XVI ¿Por qué una figura intelectual, un ‘santo-empresario’ de aquella época, llamaría a la prudencia en los malos tiempos, siendo un luchador incansable como fue?
Mi interpretación personal es que Íñigo de Loyola, diciendo ‘no hacer mudanza’, se refería a no tirar la toalla nunca, ni dejar de pelear por lo que uno quiere, con igual tranquilidad y tenacidad que si las cosas fuesen bien. Creo que invitaba a la constancia, al esfuerzo sostenido, a luchar contra la desesperación. Opino que Ignacio nos recomendaba que evitásemos el pánico y la pérdida de confianza, a toda costa. ‘No huya ni se esconda. No tire nada por la borda. No haga locuras, no busque escapar con soluciones extremas ni cambios precipitados. Persista en el empeño y siga trabajando bien, con calma.’ Eso creo que quería decirnos.
La crisis económica está aquí, parece inevitable y será profunda: eso lo sabemos todos. El año 2009 va a ser realmente duro. Entonces: ¿en qué error no debemos incurrir? ¿Qué actitud debemos controlar? ¿Qué peligro hay que sortear? El de intentar hacer mudanzas precipitadas: ya nos lo recomendaron hace siglos.
Tranquilicémonos, trabajemos con sosiego si podemos y, si por desgracia ocurre algún accidente y perdemos algo importante en el camino (el empleo, la jerarquía, una inversión, etc.), intentemos seguir haciendo lo que bien hecho está. Es un tiempo para afrontarlo con madurez, con serenidad, para capacitarnos mejor, para intentar crecer en lo que podemos controlar: nosotros mismos, nuestras competencias.
Los que estamos cercanos al mundo de la formación corporativa, creemos que van a ser tiempos en que muchas empresas van a restringir gastos de educación y training. Este puede ser un resultado perverso, en esta situación.
Pero no todas lo harán: las compañías más inteligentes, probablemente los mantengan. Saben que es un buen momento para reforzar el capital humano, que es un buen momento para no cortar aquello que servirá para relanzarnos. Saben que resulta una ocasión para intentar compaginar la lucha contra la crisis y la contención en el gasto, con la necesidad de no cercenar algo que nos hipotecaría la salida de esta situación: la formación continua. Si no seguimos manteniendo la buena forma, nuestra competitividad se resentirá, sin ninguna duda.
Entiendo que compaginar esto no es fácil: por eso digo que sólo lo harán las mejores organizaciones, sean del sector público o del privado.
Es un buen momento para no hacer mudanzas y no tirar nada valioso por la borda. Si tienen algún poder de decisión, recuérdenlo. Nos lo dijo Íñigo de Loyola y él sabía lo que decía.











La frase exacta es “En tiempo de desolación no hacer mudanza”. Ignacio de Loyola lo escribe en los “Ejercicios Espirituales”, donde separa las épocas en que uno se siente confortado y bien (en su caso, por la asistencia divina), es decir, tiempo de consolación, de los tiempos en que uno se siente desolado, es decir, abandonado por Dios, triste, desorientado y sin saber si está llevando su vida correctamente. En esos tiempos, no hacer mudanza, que quiere decir, no cambiar de propósitos ni objetivos, porque nos vamos a dejar llevar por la depresión y la falta de ánimo. Aguantar y esperar a tener la cabeza clara.
Obviamente no hace falta leer la frase en clave de desolación o consolación divina para encontrarle un sentido adecuado a la frase. Los “Ejercicios” son un texto realmente admirable por muchas cosas, sin necesidad de ser creyente. Una de ellas es por la sabiduría práctica con que Ignacio describe procesos psicológicos y da consejos para lidiar con ellos.
No sé si el consejo es aplicable a procesos como la economía, más cuando parece que lo que tenemos encima es realmente grave y novedoso, así que seguramente no basta con esperar a que escampe perseverando en las prácticas que han traído la desolación. Claro que lo dicen los mismos “expertos” que decían hace un año que todos íbamos ser muy ricos. Como tantos otros, hablaban de oídas y como ven en otros sus propias palabras, piensan que deben de tener razón. Se llaman entre sí don fulano y don mengano y parece que les da autoridad… que se prestan los unos a los otros. Algo así como los activos tóxicos, si los he entendido bien. Al cabo, todo se reduce a lo que la gente dice. Otro gran personaje llamó a eso “idola fori”, o sea, los (falsos) ídolos de la plaza pública. La radio, la televisión y la red son el lugar natural de todos ellos.
Más exactamente: “En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más bien el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consexos no podemos tomar camino para acertar” (EE[318])
Muchas gracias por tus comentarios, Ramón. Veo que te interesa el personaje y, como me ocurre a mi, ves mucha riqueza en sus enseñanzas.
Un abrazo,
Íñigo
Fui a parar a tu blog por casualidad, porque la verdad es que no tengo ni idea qué es eso de la formación corporativa. Mi terreno es la filosofía. Me interesé por Ignacio de Loyola a partir de Descartes, alumno de los jesuitas, y me convencí de que la influencia de los EE en Descartes es fundamental y que pesa en el origen de la modernidad. Es un tema obviado por los investigadores en Francia y por derivación en España. Curiosamente han sido americanos quienes le han dado más importancia. Tampoco los jesuitas le han prestado atención. Bueno, no es este el lugar para extenderse en el tema, pero sí, me parece un personaje más que singular y no por las peripecias vitales, que comparte con otros santos y aventureros, sino por sus experiencias místicas, pese a que nadie recuerda que fue un místico tan importante e intenso como Juan de la Cruz o Teresa de Jesús. Y por los Ejercicios: ¡ya querría cualquier corporación tener un método de formación tan potente! En fin, me paro. No es este el lugar donde extenderse sobre ese tema por más que me apasione.
Hola Babot:
Muy oportuno este comentario sobre el insigne San Ignacio, que nos invita al igual que San Pablo, a ser fuertes cuando somos debiles, que nos muestra como la historia se repite; si bien son diferentes tiempos y circunstancias, al final hablamos de lo mismo: el hombre ante sus retos y como superarlos.
Ciertamente aquellas personas y organizaciones que hagan la mejor lectura y actuen en consecuencia seran las mas beneficiadas, es un tiempo que nos exige ser mejores en lo que es verdaderamente valioso y hacer de lado las cuestiones temporales.
Bien dice Ramón, sobran los destacados “expertos” que buscan vaticinar el tiempo en amplio rango de posibles resultados; por supuesto mas de uno acertará, pero muchos no; por mi parte lo que se con certeza, es que hay que trabajar mas inteligentemente y con reforzado espiritu, hacer un mejor uso de todos los recursos disponibles a nuestro alcance. Es tiempo de reflexionar en lo verdaderamente importante, desarrollar mejoras sustantivas y de valor agregado, tiempo de sumar.
Curiosamente para lograr esto, lo mejor es ir a lo basico, cada hombre es verdaderamente valioso y aportará lo mejor de si mismo, en la medida en que sea retante su espacio y se fortalezca en su interior y que busque ante todo, como servir mejor a su comunidad.
¿Porque una organización como la de los Jesuitas a perdurado a traves del tiempo? y hablamos ya de varios siglos ¿Habrá algo que debemos aprender de su fundador y de otros santos? ¿tendrán algo en común? ¡Cuantas organizaciones quiesieran tener la capacidad demostrada consistentemente para enfrentar y sortear las crisis, “momentaneas” y recurrentes, como estos casos nos lo muestran
Ciertamente es tiempo de detenernos ante este mundo y su exaserbado materialismo, replantearnos lo que es verdaderamente importante y darnos el tiempo para valorar lo que tenemos y lo que realmente queremos.
Saludos
Oscar
Muchas gracias por tu comentario, Óscar. Es muy valioso.
De dónde eres?
Gracias y un saludo cordial,
Íñigo
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hola. como todos saben en chino no existe la palabra crisis. tampoco existen en la fe crisis. existen tiempos de Gracia. y la Gracia se encuentra tanto o más en la desolación de la enfermedad, de la soledad, del pecado. Desde un punto de vista creyente la crisis económica no existe. Y desde un punto de vista económico esto ha traspasado hace meses los síntomas de una crisis o de un ciclo económico. Es un cambio de modelo. No podemos vivir como ricos con los recursos que tenemos. En cuanto a los ejercicios espirituales yo tuve contacto con ellos haciendo meditación zen cuando era joven. Ahora los conozco más sencillamente y desde la fe. Y hay una gran diferencia. San Iñigo conocía muy bien el antiguo y el nuevo testamento. Hay una gran catequesis detrás de uno de los principios de los ejercicios. Siento mucho sí esto ofende pero sólo se entiende esta forma de vivir, en la precariedad, sin saber lo que será de nosotros… con la luz y la esperanza que vienen del Señor. Besos.
en cuanto a descartes y su influencia en el pensamiento moderno es indudable desde un punto científico. El método. La duda. El racionalismo. Yo estudié que Hegel era el maestro de la duda. Realmente es Descartes. Ha aportado mucho incluso a la teología. Ahora bien. La existencia de Dios no puede ser probada por la razón humana. Sí sentida. Acaso puede un enamorado demostrar su enajenación? No puede. Ni siquiera el amor puede ser racionalmente demostrado. El hecho histórico llamado Jesús de Nazaret sí. Pero la trascendencia de ese hombre colgado de un madero no. Ahí nace la fe. Cuando pierdes un hijo no hay matemática cartesiana que te consuele. Cuando estudiaba arte y veía los restos de pintura medieval y los comparaba sobre todo con la escultura clásica pensaba que era un retroceso. Ahora no. Hay hechos concretos de mi vida que no han sido racionales. Se han basado en la confianza de cuanto me quiere Dios pese a mí misma y lo mal que lo hago. Y esa seguridad en la verdad absoluta de la vida eterna me han hecho feliz pese a mis fracasos. Mi abuela era leninista. Me descubrió la filosofía siendo pequeña. En especial el racionalismo. También nietzsche. Pero al morir con terribles dolores pidió un confesor y un crucifijo. Yo creo que hay que conocer el pensamiento de los maestros de la sospecha. Pero vivir dejando a un lado la razón.
Muchas gracias por tus comentarios, Patricia. Yo también soy creyente y creo que se puede vivir con la fe y la razón, a la vez. Al menos, se puede intentar.
Yo creo que San Ignacio era un hombre de fe y de razón. Actuó mucho y de forma potente, no fue un contemplativo. Cambió el mundo para siempre y lo hizo por amor a Dios, no esperó a que Dios le solucionara las cosas o decidiese por él. A Dios rogando y con el mazo dando. Yo creo que ambas cosas son igualmente válidas y es lo que se espera de nosotros, aunque al final siempre estemos en sus manos.
Otro beso para ti.
Doctor Babot, tiene su blog enlace Rss para que podamos ver si hay comentarios nuevos? no lo encuentro, un abrazo.
Sí, Patricia. Lo encuentras al final de los comentarios.
Muchas gracias por leerme y un abrazo grandísimo
Lo siento pero no lo encuentro!
encontrado!! mil perdones
Muchas gracias por preocuparte, Patricia. Es un honor para mi que una chica como tú se tome tanto interés en mi humilde blog.
Un fuerte abrazo
Gracias por recordarme que en época de desolación no debo hacer mudanza. Estoy entre desolaciones y consolaciones. Trato de seguir las Reglas de discernimiento de San Ignacio….Le pido a él interceda ante Dios porque estoy pasando una época de desolación intensa. Me aferro a Jesús y a su madre María.
LLegué a tu blog por casualidad…También admiro a los jesuitas. EN todo amar y servir dicen…Eso es lo que trato y me cuesta tanto…
Hola María.
Siento mucho que pases por malas épocas que, a día de hoy y desgraciadamente, son tan frecuentes.
Recibe un fuerte abrazo y, si en algo puedo ayudarte, por favor no dudes en decírmelo,
Íñigo