May 18 2004
eLearning en condiciones severas
Reflexiones sobre las posibilidades para implantar la educación virtual cuando las condiciones no acompañan.
(Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)
¿Es el eLearning un sistema docente sólo apto para países, centros educativos, empresas o colectivos mínimamente ricos y cultos? ¿Puede implantarse también en condiciones adversas, cuando ni el desarrollo tecnológico ni el nivel socioeconómico sean propicios?
La respuesta a esta pregunta es capital, pues el eLearning es, en sí mismo, un método que debiera poder introducirse a nivel global y reportar beneficios también a los más desfavorecidos, al menos en teoría: un ordenador y un cableado telefónico resultan mucho más baratos que el desplazamiento a una importante escuela de negocios y el correspondiente pago de su carísima matrícula.
En nuestra entrega La ética del Hacker allá por Abril de 2002, se decía:
“¿Qué sucederá con el eLearning? Los mejores centros docentes, ¿decidirán abrir sus puertas al Mundo? Los más brillantes profesores internacionales, ¿aceptarán impartir clases en un aula global, virtual, sin barreras físicas y, por supuesto, bastante más económica? ¿Se compartirán, con ricos y pobres, los más perfectos programas pedagógicos? ¿Tendrán acceso igualitario a ellos, tanto los directivos de grandes multinacionales como los de PYMES o micro-empresas? ¿Tendrán algo que decir al respecto los gobiernos de uno u otro signo?”
El eLearning (siempre que se haga bien) probablemente abarate la formación, la universalice, la haga mucho más accesible y asequible para diferentes clases sociales. ¿Qué políticas se adoptarán, ante este fenómeno?
El conocimiento y la educación son las llaves del progreso, del desarrollo económico y social. Muchos pueblos del Mundo no prosperan, símplemente, porque no pueden aprender. No son menos inteligentes: sólo están menos formados. Numerosas dictaduras actuales mantienen su poder ineducando y desinformando a los ciudadanos, manteniéndoles en la ignorancia. Para ellos resulta mucho más fácil manipular gente poco preparada.
Lo mismo sucede con organizaciones e individuos: cuando se les enseña y se les permite hacer uso de herramientas tecnológicas, avanzan enormemente en muy poco tiempo. Las barreras disminuyen, las diferencias se acortan.
Así, compartir conocimientos es compartir riqueza y ser más justos, dirán algunos… pero, tratándose de conocimientos empresariales, de técnicas de gestión y administración de negocios, de estudios de mercado, también puede significar alimentar a potenciales competidores, dirán otros.
Si ello sucede alrededor de unas estructuras corporativas cuya riqueza fundamental, cada vez más, reside en el talento y formación de sus colaboradores, supondrá que surjan duros competidores donde antes parecía imposible encontrarlos (países del Tercer Mundo incluidos). Las historias de empresas que nacen en pequeños garajes o chamizos y llegan a ser imperios, pueden ser mucho más frecuentes: organizaciones y profesionales de poder adquisitivo modesto podrán prepararse, virtualmente, en centros que hoy les resultan inaccesibles, tanto física como económicamente. Y, si cuentan con suficientes recursos intelectuales, podrían atacar grandes dinosaurios o romper sectores con mucha mayor asiduidad.
Democratización educativa global, podríamos llamarlo. O algo así de rebuscado. En todo caso, un fenómeno muy importante que puede igualar mucho más la contienda y hacer más duros los mercados.
Ya sucede, con frecuencia, en el mundo del deporte: atletas pobres compiten y ganan a atletas muy ricos sólo porque, por fin, han accedido a materiales y equipamiento equivalente: los keniatas y etíopes hace años que dan disgustos a los americanos en atletismo, los nigerianos y cameruneses ya han ganado muchos partidos de fútbol a potentes selecciones europeas. El talento (y no el dinero) al poder”.
Bien, esto parece totalmente correcto desde un punto de vista teórico. Transcurridos dos años, ¿se va demostrando en la práctica o se queda sólo en bonitas palabras, en wishful thinking, como dirían los americanos? ¿Qué pasa, en realidad, cuando las condiciones de implantación son severas, como en Argelia, como en muchos países de Sudamérica, Asia y África, como en pueblos perdidos dentro de nuestras propias fronteras, como en microempresas con pocos recursos económicos?
Afortunadamente, hay buenas noticias. La implantación del eLearning depende mucho más de las ganas de los actores (y, a veces, de la voluntad política de los dirigentes, todo hay que decirlo), que de sus recursos socioeconómicos. Se están haciendo cosas muy interesantes con un palo y una caña, ingeniándoselas con muy poco, siempre que haya el suficiente talento y empeño.
Si tienen interés en esto, lean ustedes los excelentes artículos de un buen amigo, Nicolas Hellers, en eLearning América Latina (ver www.elearningamericalatina.com), acerca de la implantación en países muy pobres del cono Sur. Consulten la página del Tec de Monterrey (ver http://www.ruv.itesm.mx/). Sin ir a otro continente, pregúntense que ha hecho la Junta de Extremadura en pequeños pueblitos de esta comunidad autónoma (ver http://www.aupex.org/ y www.creofonte.com) y, además, programando en código abierto (con Linux) para ahorrar: resulta admirable. O, si quieren ver ejemplos de magníficas implementaciones de formación virtual en pequeñas Pymes con pocos recursos, busquen aquí cerca, en la misma Barcelona, y los encontrarán.
La extensión del eLearning va siendo democrática (con altibajos, naturalmente) y, poco a poco, llegará a muchos (pobres y ricos): esto permitirá ir educando a los más humildes. Y esto SÍ es el inicio de una revolución de grandes dimensiones, lenta y silenciosa pero imparable.
¿No se lo creen? Esperen y lo verán, porque ya hay ejemplos por doquier y cada vez habrá más.







