Abr 02 2004

The Walt Disney Company y el respeto a uno mismo

Publicado por Íñigo Babot a las 6:51 en Revista eLearning

Tentaciones que deben evitarse cuando una institución tiene unos ideales y un sólido prestigio que defender.

(Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)

Esta Semana Santa tengo una reserva para llevar a mis hijas al Magic Kingdom de Disney. Aunque su padre ya ha tenido la suerte de poder ir algunas veces, para ellas será su primer viaje a ese lugar maravilloso.

Se lo anuncié solemnemente hace poco, como premio porque están portándose muy bien en casa y en el colegio.

La escena fue muy emocionante, especialmente para un padre que quiera mucho a sus hijas. Estaban sentaditas en el sofá del salón de nuestra casa, mirándome con ojos expectantes. Pocas veces las hago sentarse juntas y les pido silencio absoluto para comunicarles algo, y a veces ese algo es una reprimenda, por lo que no sabían de qué iba la cosa. Mi hija Blanca me preguntó, un poco temerosa:

- Papá, ¿esto es importante?

Yo asentí, muy serio. Pero pocos segundos después, al saber la noticia, empezaron a correr y gritar de alegría, por toda la casa.

Hoy en día se encuentran paquetes bastante económicos para ir unos días a Disney y, aunque sólo sea para oír las risas de los niños, ya vale mucho la pena gastarse ese dinero. Es altamente recomendable.

Después, al refrescar la escena con más serenidad, estuve pensando también en la entrevista que mantuve, hace unos años, con uno de los máximos responsables de The Walt Disney Company. Yo tenía interés en redactar unas líneas sobre la compañía para un Case Study de una escuela de negocios, pude acceder a un alto ejecutivo de la corporación y charlar con él.

Me dijo que estaban muy preocupados por la marcha de Eurodisney, en París, y de Disneyland, en Tokyo. A nivel de parques, me concretó que el único que ganaba mucho dinero era Disney World, en Miami. Le pregunté si eso les iba a obligar a recortar gastos en alguno de los parques deficitarios. Me miró, muy serio, casi ofendido, y me dijo:

- Disney no es sólo una compañía para ganar dinero, Mr. Babot. Disney tiene una responsabilidad enorme con toda la Humanidad: la de hacer realidad los sueños de millones de niños de todo el Mundo. No nos planteamos reducir la calidad de los productos o servicios de París y Tokyo, ni por aproximación. No podemos faltar a nuestro compromiso con los niños que visitan esos Magic Kingdom, ni aunque nos cueste un dineral. ¿Cómo miraríamos luego a nuestros propios hijos los directivos del Grupo?

El lector puede pensar que era una declaración cara a la galería, de marketing, de imagen de compañía. La típica americanada. El lector está en su legítimo derecho. Quizá yo también lo supondría, de no ser porque estuve allí y vi la cara de aquel neoyorkino cuando me dijo estas palabras, su penetrante mirada fija en mi, su tono de voz, la ligera crispación de sus músculos: aquel hombre estaba diciendo lo que pensaba, lo que le habían transmitido como cultura corporativa. Estaba manifestando una profunda convicción personal y colectiva. Me resultó reconfortante hablar con él, la verdad.

Hace menos tiempo, por otros motivos, estuve en la Harvard Business School , en su campus de Boston. Allí me dijeron poco más o menos lo mismo que en Disney: aunque el número de alumnos (e ingresos) bajase, aunque el partido en el poder o los mecenas de turno no apoyasen tanto el desarrollo de la escuela como otros años, el nivel de exigencia y las restricciones de ingreso serían las mismas. La Harvard Business School no podía prostituirse en modo alguno, ni por dinero, ni por política, ni por luchas de poder.

¿Qué tiene todo esto que ver con el eLearning? Pues resulta que mucho.

Estos comportamientos de Harvard y Disney son un ejemplo para recordarnos algo a todos: ciertos centros educativos de gran prestigio en nuestro sector, abanderados del eLearning incluso fuera de nuestras fronteras, no deberían apartar a los mejores docentes o producir malos programas de educación virtual, sólo por influencias políticas, porque den más valor al número de alumnos (para presumir) que a la calidad pedagógica, o por mezquinas peleas y desencuentros internos, que no responden al interés general y al prestigio de la institución. A la larga (y a la corta), eso les hará perder casi todo lo que ganaron.

Pero se da el caso, y casi todos lo sabemos.

No es elegante ni correcto decir nombres (se dice el pecado, pero no el pecador) y yo no voy a hacerlo, pero seguro que muchos lectores entenderán a qué institución me refiero. Y debe conducirse con criterios de máximo rigor y seriedad, como Harvard o Disney, por su bien y por el bien de todos. Por el bien del eLearning.

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