Archivo de Abril, 2004

Abr 22 2004

Learning by doing. Reflexiones marca MIT

Publicado por Íñigo Babot en Revista eLearning

¿Cómo funcionan las herramientas pedagógicas e-Learning que producen mejores resultados?

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)

Dr. Thomas J. Allen, de la Sloan School of Management. Así se llama el profesor que ha sido recientemente investido Doctor Honoris Causa por la Universitat Ramón Llull. Poco antes de que recibiera este título tuve el privilegio de compartir un almuerzo de trabajo con él, en un estupendo restaurante cercano al MIT. El Dr. Allen (que lleva más de 30 años en la Sloan School) se ha pasado la vida investigando acerca de los perniciosos efectos que produce la distancia física en la comunicación humana. En su obra Managing the Flow of Technology (Massachusetts Institute of Technology Press, Cambridge, Mass., 1995), este norteamericano de origen irlandés demuestra, empíricamente, que la frecuencia de intercambio de conocimiento y comunicación humana es inversamente proporcional a la distancia física que separa a los interlocutores. Yo creía que ello le haría especialmente escéptico respecto al Distance Learning, así que no perdí la oportunidad de preguntarle su parecer.

- Todas las universidades del Mundo deberían incorporarlo cuanto antes- me dijo.
- Pero esa opinión, ¿no contradice sus investigaciones?- pregunté.
- Oh, no. Lo que ocurre es que Usted deberá procurar hacer trabajar a sus Distance Learners. Debe hacerles hacer cosas. Si consigue que se comporten proactivamente, el Distance Learning funcionará estupendamente. Si no es así, no conseguirá ningún resultado.

Dr. Richard C. Larson, del Centre of Advanced Educational Services. Así se llama otro profesor con quien pudimos mantener una larga reunión de trabajo en su despacho del campus. Es el investigador principal del MIT en técnicas e-Learning. Si algo repite en su discurso, es que los e-Learners deben hacer. Esto se llama active learning y se contrapone a una lectura pasiva o una clase magistral, en la que sólo se escucha y se toman apuntes pero no se practica nada, no se experimenta, no se juega ni se manipulan conceptos. Así, Larson sostiene que el e-Learner debe probar, equivocarse, sorprenderse, remangarse, bajar a la arena. En una palabra, implicarse y, por supuesto (eso ya lo dijimos) divertirse haciéndolo, entretenerse mientras actúa.

Otros investigadores del MIT opinan de forma muy similar: hablan mucho de active learning y collaborative learning (de esto último hablaremos en otro número) como claves del e-Learning.

¿Cómo se implementa esto en la práctica? ¿Qué técnicas parecen dar muy buenos resultados? Unas herramientas llamadas simuladores educativos.

La idea es invitar al espectador a subir al escenario y unirse a la función. No dejar que se duerma en la butaca, proponerle que sea el protagonista. Ello se logra colocándole en situación de decidir, de probar, de actuar en un contexto intelectual similar al real… pero sin los riesgos que correría bajo fuego auténtico. La técnica es similar a la del simulador de un avión pero con conceptos formativos. Cualquier piloto refrenda que aprende muchísimo más practicando en un simulador aéreo (prueba, error, corrección y nueva prueba) que oyendo clases teóricas o estudiando manuales de vuelo. De hecho, se trata de una especie de método del caso on-line.

En los simuladores educativos se pone al alumno en la necesidad de opinar, de implicarse, de incorporar un rol en una situación verídica (o muy similar a la realidad), de escoger sus propias opciones. Se le dan detalles y se le proponen alternativas de actuación. Luego, se le va situando en el escenario que él mismo elige y se le explican los resultados de sus acciones. Hay muchos finales posibles y el alumno obtiene feed-back del propio programa y del profesor. También puede compartir sus reflexiones, análisis, errores y aciertos con sus compañeros de curso (antes, durante y después de los ejercicios, y todo ello de forma virtual). Incluso, si lo desea, puede comparar sus calificaciones con la media de la clase, con las puntuaciones de todos y cada uno los participantes, aún sin ver sus nombres (pueden ser miles de classmates, de diferentes empresas y países). Lo cierto es que resulta francamente interesante, divertido… y se aprende de verdad.

Estos simuladores, muchos aún en fase de prototipo experimental, sirven tanto para estudiar contabilidad como negociación, tanto para aprender inglés como para perfeccionar dirección de equipos, tanto para colaboradores como para altos ejecutivos. Puede verse un ejemplo de estas herramientas en www.forio.com, web interesante y cuya recomendación debo agradecer a Victoria Fernández, del Instituto de Empresa de Madrid.

¿Cuántos programas formativos de este estilo existen? Poquísimos. Es algo aun muy nuevo pero de gran eficacia. Desde luego, resulta infinitamente superior al plano envío de apuntes por plataforma (que es exactamente lo que hacen la gran mayoría de centros). Aun estamos empezando pero este es un buen camino, lleno de posibilidades: active learning, learning by doing.

No hay comentarios

Abr 20 2004

¿Ha estado Usted en Argelia?

Publicado por Íñigo Babot en Revista eLearning

Reflexiones sobre las posibilidades para implantar la educación virtual en países donde parece especialmente difícil.

(Tiempo estimado de lectura: 5 minutos)

¿Ha estado el lector de vacaciones en Argelia? ¿Ha viajado por motivos profesionales allí, últimamente?

La respuesta a estas preguntas será, en un porcentaje altísimo de casos, un “no” rotundo. De hecho, si alguno de los lectores de este artículo ha ido o tiene previsto desplazarse allí a corto plazo, le rogaría se pusiese en contacto conmigo en babot@iqs.edu, pues me interesaría mucho intercambiar experiencias sobre esta nación que, creo, se halla en un momento especialmente importante y esperanzador.

Argelia, visto desde fuera, es un país muy peligroso y de futuro incierto. Es uno de los destinos menos visitados del Mundo. El turismo es casi inexistente y el Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda expresamente no visitarlo, salvo por razones estrictamente imperativas (profesionales u otras), mientras persista la situación actual.

Desde 1992, cuando se anularon de forma irregular y brusca unas elecciones generales que estaban otorgando una muy limpia y democrática victoria al partido islamista, el país se halla en estado de emergencia y sufre un proceso de guerra civil, más o menos encubierto, que ya ha causado más de 110.000 muertos. El terror y la violencia descontrolada en buena parte del territorio parecen no remitir, causando pavorosas matanzas masivas de muchos miles de civiles, militares, y otros grupos armados.

Sin ir más lejos, en 2002 murieron, como consecuencia de actos terroristas, unas 2000 personas.

Muy recientemente, Argelia ha vivido elecciones presidenciales, siendo reelegido el candidato oficialista Abdelaziz Buteflika. La legitimidad democrática de estos comicios ha sido cuestionada desde varios foros, pero algunos observadores internacionales parecen considerarlos correctos. El tiempo lo dirá.

El que escribe estuvo allí, por motivos profesionales, una semana antes de las citadas elecciones. Las medidas de seguridad en la capital, Argel, eran extremas: los mejores hoteles parecían bunkers, con casetas de seguridad, acceso restringido y vigilancia permanente (algunos de ellos incluso estaban rodeados de alambre de espino). Los controles de policía, con tanquetas incluidas, abundaban en carreteras y calles (en un corto trayecto urbano por Argel, nos pararon hasta 5 veces). Además, alguno de estos controles puede ser falso (terroristas disfrazados), lo cual no tranquiliza demasiado al visitante. El aeropuerto internacional Houari Boumédiène (donde las únicas compañías no argelinas que establecen línea regular son Alitalia y Air France), estaba plagado de policía militar que, por ejemplo, nos cacheó e hizo abrir el equipaje de mano (por enésima vez) en la propia escalerilla de acceso al avión.

Sin embargo, y a pesar de todas estas dificultades, la sociedad argelina resulta realmente admirable y no se desanima por este sombrío panorama. Con un 70% de población menor de 30 años, los argelinos están acostumbrados a luchar orgullosamente contra todo tipo de desastres: ganaron su independencia de Francia tras una muy cruenta guerra y, luego, fueron un ejemplo democrático para gran parte de los países colindantes. Actualmente y por desgracia, además de la guerra civil, el terrorismo y la fuerte presencia militar, sufren una excesiva y perniciosa dependencia económica de sus propios pozos petrolíferos (alrededor de un 60% de su PIB viene del petróleo y está concentrado en manos gubernamentales), han padecido un terrible terremoto hace muy poco, así como diversas inundaciones que semi-devastaron Argel.

Desafiando todo esto, el argelino medio es un tipo curtido pero sumamente hospitalario, de trato muy agradable, que habla correctamente el árabe, el francés, y que es muy culto (muchos licenciados superiores). Aunque la renta per cápita real (es decir, quitando los rendimientos del injustamente repartido petróleo) es muy baja, y el ciudadano llano es pobre, el argelino se esfuerza por llevar una vida normal y plural. Por las calles de Argel y Orán, mujeres totalmente cubiertas por velo conviven, hablan y se relacionan con chicas que visten camiseta y vaqueros. Hay una notable libertad de prensa y sorprende la enorme cantidad de antenas parabólicas que hay en cada edificio, a veces en cada ventana, debido al gran interés que tiene la población por recibir noticias y contenidos del extranjero. Y, por último, aunque aún hay pocas conexiones a Internet, el interés por la tecnología está creciendo y, en Argel, este autor pudo ver 4 cybercafés.

¿Qué pensarían muchos gurús del eLearning si se les pidiesen que pilotasen la implantación de la educación virtual (sólo de ciertas materias generales) en este país, con esta población y con este panorama general? Endurezcamos más la pregunta, ¿necesita una nación como Argelia algún tipo de eLearning, con tan inestable situación política, social y económica por resolver, antes que nada? ¿Estaríamos empezando la casa por el tejado? ¿Es una utopía plantearse la educación virtual en una región con guerra, terrorismo, violencia, riqueza tan mal repartida y caos organizativo? ¿Resulta ingenuo o parece un contrasentido preguntárselo? ¿Es el eLearning solamente adecuado para países con un gran desarrollo tecnológico, económicamente fuertes o con el terreno muy abonado, cuyos exponentes más evidentes serían Japón (ver entregas ”Sol naciente”, “Domo Arigato I, II y III” de esta misma revista), USA (ver entregas “Barras y Estrellas” y “Postal desde América” de esta revista), o Europa Occidental (ver entrega “eLearning, Centroeuropa” y las “Corporate Universities” de esta revista)?.

En el próximo eLearning en condiciones severas, reflexionaremos sobre esta muy importante cuestión y revisaremos algún ejemplo que la ilustre.

4 comentarios

Abr 02 2004

The Walt Disney Company y el respeto a uno mismo

Publicado por Íñigo Babot en Revista eLearning

Tentaciones que deben evitarse cuando una institución tiene unos ideales y un sólido prestigio que defender.

(Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)

Esta Semana Santa tengo una reserva para llevar a mis hijas al Magic Kingdom de Disney. Aunque su padre ya ha tenido la suerte de poder ir algunas veces, para ellas será su primer viaje a ese lugar maravilloso.

Se lo anuncié solemnemente hace poco, como premio porque están portándose muy bien en casa y en el colegio.

La escena fue muy emocionante, especialmente para un padre que quiera mucho a sus hijas. Estaban sentaditas en el sofá del salón de nuestra casa, mirándome con ojos expectantes. Pocas veces las hago sentarse juntas y les pido silencio absoluto para comunicarles algo, y a veces ese algo es una reprimenda, por lo que no sabían de qué iba la cosa. Mi hija Blanca me preguntó, un poco temerosa:

- Papá, ¿esto es importante?

Yo asentí, muy serio. Pero pocos segundos después, al saber la noticia, empezaron a correr y gritar de alegría, por toda la casa.

Hoy en día se encuentran paquetes bastante económicos para ir unos días a Disney y, aunque sólo sea para oír las risas de los niños, ya vale mucho la pena gastarse ese dinero. Es altamente recomendable.

Después, al refrescar la escena con más serenidad, estuve pensando también en la entrevista que mantuve, hace unos años, con uno de los máximos responsables de The Walt Disney Company. Yo tenía interés en redactar unas líneas sobre la compañía para un Case Study de una escuela de negocios, pude acceder a un alto ejecutivo de la corporación y charlar con él.

Me dijo que estaban muy preocupados por la marcha de Eurodisney, en París, y de Disneyland, en Tokyo. A nivel de parques, me concretó que el único que ganaba mucho dinero era Disney World, en Miami. Le pregunté si eso les iba a obligar a recortar gastos en alguno de los parques deficitarios. Me miró, muy serio, casi ofendido, y me dijo:

- Disney no es sólo una compañía para ganar dinero, Mr. Babot. Disney tiene una responsabilidad enorme con toda la Humanidad: la de hacer realidad los sueños de millones de niños de todo el Mundo. No nos planteamos reducir la calidad de los productos o servicios de París y Tokyo, ni por aproximación. No podemos faltar a nuestro compromiso con los niños que visitan esos Magic Kingdom, ni aunque nos cueste un dineral. ¿Cómo miraríamos luego a nuestros propios hijos los directivos del Grupo?

El lector puede pensar que era una declaración cara a la galería, de marketing, de imagen de compañía. La típica americanada. El lector está en su legítimo derecho. Quizá yo también lo supondría, de no ser porque estuve allí y vi la cara de aquel neoyorkino cuando me dijo estas palabras, su penetrante mirada fija en mi, su tono de voz, la ligera crispación de sus músculos: aquel hombre estaba diciendo lo que pensaba, lo que le habían transmitido como cultura corporativa. Estaba manifestando una profunda convicción personal y colectiva. Me resultó reconfortante hablar con él, la verdad.

Hace menos tiempo, por otros motivos, estuve en la Harvard Business School , en su campus de Boston. Allí me dijeron poco más o menos lo mismo que en Disney: aunque el número de alumnos (e ingresos) bajase, aunque el partido en el poder o los mecenas de turno no apoyasen tanto el desarrollo de la escuela como otros años, el nivel de exigencia y las restricciones de ingreso serían las mismas. La Harvard Business School no podía prostituirse en modo alguno, ni por dinero, ni por política, ni por luchas de poder.

¿Qué tiene todo esto que ver con el eLearning? Pues resulta que mucho.

Estos comportamientos de Harvard y Disney son un ejemplo para recordarnos algo a todos: ciertos centros educativos de gran prestigio en nuestro sector, abanderados del eLearning incluso fuera de nuestras fronteras, no deberían apartar a los mejores docentes o producir malos programas de educación virtual, sólo por influencias políticas, porque den más valor al número de alumnos (para presumir) que a la calidad pedagógica, o por mezquinas peleas y desencuentros internos, que no responden al interés general y al prestigio de la institución. A la larga (y a la corta), eso les hará perder casi todo lo que ganaron.

Pero se da el caso, y casi todos lo sabemos.

No es elegante ni correcto decir nombres (se dice el pecado, pero no el pecador) y yo no voy a hacerlo, pero seguro que muchos lectores entenderán a qué institución me refiero. Y debe conducirse con criterios de máximo rigor y seriedad, como Harvard o Disney, por su bien y por el bien de todos. Por el bien del eLearning.

No hay comentarios