Archivo de noviembre, 2002

nov 27 2002

Vivat Academia, Vivant Professores

Publicado por en Revista eLearning

Después de todo lo que hemos expuesto sobre la enseñanza virtual, ¿cuál es el factor absolutamente imprescindible para el buen desarrollo de un programa eLearning?

(Tiempo estimado de lectura: 3 minutos)

¿Ha escuchado el lector, al menos una vez en su vida, el himno Gaudeamus Scholasticum? ¿Lo ha oído cantar, en algún acto de graduación universitaria, rodeado de alumnos y profesores con toga? Si es así, convendrá conmigo en que pone la piel de gallina y en que resulta una experiencia altamente emotiva. Las notas y la letra le hacen a uno recordar todo el esfuerzo y la dedicación de varios años, el sufrimiento que ha debido superar hasta alcanzar el gran premio final: un flamante título académico, ganado a pulso. Y le invitan a prepararse para lo que le espera: la dura lucha de la vida diaria, fuera ya de las aulas.

En el Gaudeamus (cuya letra en Latín no tiene desperdicio) y como magníficamente comenta James Fallows, prestigioso periodista norteamericano, en su artículo incluido en The Atlantic, hay un párrafo que empieza diciendo: Vivat Academia, Vivant Professores!

Ya lo refleja un himno tan antiguo como inmortal: la academia está indisolublemente ligada a los profesores. Sin unos, la otra no existe y no puede funcionar. Y, por supuesto, los alumnos no pueden aprender.

Evidentemente, esto es igualmente cierto para el eLearning: lo más importante para los estudiantes virtuales son unos buenos profesores, no una academia ultra – moderna.

Las plataformas virtuales permiten a los maestros tener ubicuidad, no depender de horarios, tener conectividad plena, individualizar la enseñanza, interaccionar con los alumnos, y a éstos entre sí. La tecnología ofrece unas posibilidades extraordinarias para la formación. Pero sin unos buenos académicos (Unos, que produzcan contenidos relevantes. Otros, que se responsabilicen de un buen diseño instruccional y que apliquen bien el concepto Learning by Doing. Y otros, muy importantes, que sean tutores virtuales eficaces, acompañen al estudiante en el proceso y traten a cada cual inteligentemente, como un alumno individual, diferente e irrepetible), no habría nada. Nada de nada.

Como muy bien dice Sebastián Barajas, de Learning Works: Si pudiéramos trasladar en el tiempo a un cirujano de principios del siglo pasado a un quirófano de hoy, posiblemente entraría en shock por la diferencia de escenarios y su incapacidad para entender la situación. Sin embargo, si hacemos el mismo experimento con un maestro de escuela, es casi seguro que, en 5 minutos, podría tomar el mando y seguiría la clase con total normalidad. Nuestro sistema educativo, en todos sus componentes, ha evolucionado muy poco a pesar de las innovaciones tecnológicas del siglo XX. Esto va a cambiar mucho ahora, con el eLearning. Con toda seguridad, esto cambiará enormemente. Pero sin los profesores detrás (o los cirujanos) no hay ni aprendizaje (ni cirugía), por mucha tecnología y modernas técnicas que apliquemos.

Enseñar es ayudar a descubrir. Repito, enseñar es ayudar a descubrir.

El conocimiento (que no la información) se adquiere, de verdad, con la experiencia. Haciendo, practicando (Learning by Doing), con la prueba y error. Enfrentándose a la realidad (o a una simulación de la realidad) y viviendo, emotivamente, la reacción individual que ésta nos provoca. A nosotros, a cada uno de nosotros. No a otros, no al vecino. Recuérdese que, aunque no reparemos en ello, nuestro proceso cognitivo va íntimamente ligado con nuestros sentimientos y que los profesores y las asignaturas deben despertar, en los alumnos, ansias de aprender. Deben transmitirles una cierta afición, algunas dosis de emoción (No existen malos alumnos, sólo malos profesores). No se trata sólo de memorizar temporalmente párrafos y párrafos que, igual que vienen, se van.

Los maestros son el pilar básico para ayudarnos a descubrir cosas.

Exactamente lo mismo aplica al eLearning. Y enseñar bien es muy, muy difícil. Las plataformas virtuales y el eLearning es, y será, una ayuda extraordinaria (igual que el bisturí láser para los modernos cirujanos): para empezar, ya dijimos que en eLearning se aprende, también, de otros alumnos (y mucho). Pero sin buenos académicos, docentes y tutores, el tema no funcionaría. Ni para formación reglada, ni para formación continua In Company. ¿Cómo podría hacerlo? No tendría el elemento fundamental.

Así que hoy, igual que hace 1000 años, Vivat Academia, Vivant Professores!

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nov 12 2002

That´s Hollywood!

Publicado por en Revista eLearning

Visión de los últimos y más perfectos programas eLearning, de la mano de un gran gurú mundial de este sector: el prof. Roger Schank.

(Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)

Hace pocas semanas estuvo visitando Barcelona el insigne prof. Roger C. Schank, quizá el más prestigioso especialista mundial en temas de eLearning. Roger Schank ha estado 35 años investigando en temas relacionados con alta tecnología, en universidades como Stanford, Yale, Northwestern University y, actualmente, en la Carnegie Mellon, campus de Pittsburgh (Carnegie Mellon acaba de abrir su segundo campus en Silicon Valley). El prof. Schank dirigió a un equipo de más de 200 personas que, a finales de la década de los 90, estuvo desarrollando el proyecto de universidad virtual de la Columbia University.

Schank impartió una sesión en el IESE de Barcelona y también estuvo reuniéndose, en petit comité, con grupos muy reducidos de profesores e investigadores españoles. El que escribe tuvo la suerte de poder hablar un buen rato con él y ver demos, explicadas por el propio profesor, de los últimos programas Made in USA.

En uno de los cursos eLearning se enseñaba cómo distinguir un Rembrandt auténtico de una copia. Nada menos. A medida que se examinaba el cuadro (que se podía ir viendo, zona por zona, empleando el ratón para aplicar un zoom) aparecían diferentes pop ups con streamings de video que mostraban a figurantes y/o verdaderos expertos en pintura que explicaban, al alumno, cada una de las partes del cuadro. También se mostraban obras de la misma escuela pictórica, se contextualizaba el trabajo del artista, se podían consultar artículos sobre el tema, etc. Luego se invitaba al estudiante a opinar por escrito e incluso a realizar un dictamen sobre la autenticidad de la obra. Si acertaba, un supuesto responsable del museo interesado en adquirir el cuadro le felicitaba, en otro streaming de video. Si se equivocaba, parcial o totalmente, o si el dictamen estaba insuficientemente argumentado, el mismo figurante le reprendía con dureza y le invitaba a intentarlo otra vez, tantas veces como fuese necesario. Era muy estimulante porque resultaba ameno, hacía implicarse mucho al alumno y, realmente, se aprendía. Por supuesto, existían tutores a los que el estudiante podía preguntar si se perdía o necesitaba ayuda, foros para compartir experiencias con otros alumnos, posibilidad de consultar archivos digitales de pinacotecas internacionales, etc. Era una maravilla. ¿Problema de estos programas? Su altísimo coste de producción, que los hace inasequibles para la grandísima mayoría de la población.

Una versión menos cara pero también empleando Learning by Doing (la que ahora produce Carnegie Mellon, no incluye tantos streamings ni figuración pero permite desarrollar el método del caso disponiendo de una ingente cantidad de información acerca del problema que se plantea. Si es un caso de escuela de negocios, que trate sobre una situación de empresa, se presentan completísimos estados financieros, perfiles de los directivos, listados de clientes y proveedores, imágenes de las instalaciones, diagramas del proceso productivo, análisis de entorno competitivo, etc., etc. Una vez más (no podía ser de otra forma, tratándose de formación de verdadera calidad) todo el proceso es tutorizado virtualmente de forma muy eficaz, se tiene acceso a los análisis de otros compañeros de clase, se repiten los ejercicios resueltos deficientemente y se trabaja en verdadera comunidad de aprendizaje.

¿Es eficaz esta formación? Absolutamente, sí. Rotundamente, sí. Poder admirarla es tener la oportunidad de ver, por una ventanita, lo que será la educación del s. XXI. Pero como se ha dicho, por ahora es únicamente accesible para una élite de estudiantes (en la práctica, a veces es financiada por alguna gran corporación para sus directivos), por ser demasiado onerosa.

Al estar allí, hablando con el prof. Schank, uno recordaba la primera vez que vio un televisor en color cuando en España aun sólo se vendían aparatos en blanco y negro: era realmente cautivador. Uno se sentía transportado a Hollywood, como un crío, rodeado de actores famosos que saludaban desde la pequeña pantalla pero a todo color, resplandecientes y cercanos. That´s Hollywood! La TV en color resultaba prohibitiva por aquel entonces… ahora ya no lo es.

Estamos asistiendo a una revolución educativa de enormes proporciones, convénzanse. Está llegando. Aún es un coto privado pero se generalizará, convivirá con la enseñanza tradicional y la complementará muy eficazmente. El buen eLearning es extraordinariamente potente y se globalizará, sin ninguna duda. Es un modelo muy completo, compacto, diferencial. ¿Quieren seguir un programa de Stanford, diseñado por los mejores profesores americanos y conviviendo con alumnos de todo el Mundo, sin moverse de su casa o su puesto de trabajo? ¿Aprender desde cualquier ciudad española como si viviesen en el campus de Silicon Valley? Pues podrán hacerlo. Sólo tengan un poco de paciencia. Está a la vuelta de la esquina.

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