Sep 12 2002

¿Por qué se estafa tanto?

Publicado por Íñigo Babot a las 7:29 en Revista eLearning

Causas de la existencia de tantos cursos pésimos que pueden apantallar, entorpecer o prostituir el progreso de los programas eLearning de verdadera calidad.

(Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)

En nuestras dos anteriores entregas (Newsletter) hablábamos de los mejores centros Distance Learning del Mundo. Los citábamos, con nombres y apellidos, porque su trabajo es merecedor de todo nuestro respeto, atención, admiración y aplauso.

Decíamos también que, a su alrededor y especialmente en nuestras latitudes meridionales, existen una serie de empresas liantes, embaucadoras y vendedoras de elixires de la felicidad que confunden a los estudiantes, venden gato por liebre y entorpecen el desarrollo de este sector, creando desconfianza en todo el sistema. No las enumerábamos porque son muchas y porque, realmente, no vale la pena.

Sin embargo, sí es importante reflexionar sobre las razones de su existencia y sobre el tipo de mercado del que se nutren estas compañías productoras de cursos-basura, pues son un freno real para este método docente, exactamente igual que los falsificadores de moneda y los estraperlistas son una traba para todo el sistema económico.

¿Cómo es posible que tantísimos estudiantes compren productos eLearning tan rematadamente malos?

Existen tres grandes tipologías de distance learner que abonan el terreno para que crezcan aprovechados y lancen programas de ínfima calidad al mercado. Estos estudiantes nunca son los culpables (sólo faltaría): son claramente las víctimas. Para definir a estos alumnos los llamaremos Compradores de Sueños, Coleccionistas de Títulos y Grandes Sufridores.

Los Compradores de Sueños son personas que tienen sana ilusión por aprender algo, como hobby, como reto deportivo o por puro placer pero, en realidad, nunca van a necesitar usar ese algo. Por poner algún ejemplo, entrarían en esta categoría los ciudadanos que algún día (que puede no llegar) confían en que tendrán tiempo y dinero para disfrutar de un yate y quieren, hoy mismo, sacarse el título de patrón. O los que, llanamente, quieren estudiar Historia Medieval por interés intelectual y para aumentar su cultura. O los que pretenden probarse a sí mismos, aprobando una materia determinada como reto personal. Todos ellos son dignos de alabanza y sincera simpatía pero, al no poner en práctica ni necesitar lo que creen haber aprendido, nunca van a saber si lo han asimilado de verdad ni si la materia tiene bases docentes sólidas. Así, son Compradores de Sueños porque creen cumplir su deseo, creen pagar por un curso a distancia que les ha permitido formarse cuando, en realidad, han comprado un sueño, se han convencido de adquirir unos conocimientos y habilidades que, de verdad, no tienen.

Los Coleccionistas de Títulos son estudiantes que realizan programas a distancia con el objetivo prioritario de obtener un(os) diploma(s) y engrosar, con ello, su currículum. Les importa poco si aprenden o no: deben aprobar, obtener un(os) certificado(s), y punto. Así tendrán más oportunidades de mejora profesional o, simplemente, podrán presumir de estudios. Por supuesto, estas personas están en su completo derecho y es totalmente legítimo que quieran prosperar con su esfuerzo. Pero, al no exigir a los centros más que una acreditación, nunca van a prestar demasiada atención a lo que han aprendido… o dejado de aprender. Incluso, en según qué casos, tendrán interés personal en asegurar que se han formado muy bien (sea o no cierto) para dar más brillo al nuevo título con que cuentan.

Los Grandes Sufridores son estudiantes que, realmente, necesitan formarse y aplicar lo que se les enseña, no pueden acudir a centros presenciales y eligen el eLearning… pero se equivocan, no se informan o se dejan engañar, y eligen un mal programa. Realmente son estafados y van a sufrir las consecuencias de esa estafa, más o menos pronto. Descubrirán el embuste cuando, con la práctica, comprueben su débil base educativa. Es este grupo el más predispuesto a quejarse (porque es el más perjudicado) y el que mejor puede ayudar a limpiar el sector de cursos-basura.

Estos tres estereotipos de estudiante también pueden encontrarse en enseñanza presencial pero, normalmente, en ella se pueden dar cuenta del engaño mucho antes, al tener contacto directo con profesores y aulas. Entonces, pueden decidir si les conviene seguir o es mejor dejarlo. Pero el distance learning es terreno abonado para que acudan muchos más Compradores de Sueños, Coleccionistas de Títulos y Grandes Sufridores que son timados, resultan burlados y, por desgracia para todos, involuntariamente permiten que los engañadores puedan hacer más daño a otros.

No estaría de más pensar en un sello de calidad para cursos y centros eLearning, una acreditación de excelencia docente que asegurase mínimamente el resultado, permitiese apostar a caballo ganador… y ayudase a descubrir posibles trampas. Quizá las grandes universidades no lo necesitarían (ya tienen el prestigio ganado) pero, en todo caso, no iría mal separar el grano de la paja. En un sector naciente tan prometedor, conviene que unos cuantos listillos no desacrediten a los que, de verdad, están liderando esta auténtica, muy profunda e irreversible revolución educativa.

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